Sola

Siempre estoy sola. No, no. Permíteme, no me mal entiendas. Hace mucho tiempo que me acostumbre a estar sola. No me siento triste, no me duele nada, no tengo un agujero en mí (bueno si tengo varios huecos, pero no por esto). Simplemente me he dado cuenta de que este es mi lugar, un lugar vacío. Si tengo amigos, si tengo familia, si tengo con quien salir. Simplemente no es lo mío, me abruma. Y cuando lo hago no lo hago por mí, sino por los demás. No, espérate, tampoco es así la cosa de mártir. Cuando salgo con alguien me divierto, claro, si no fuera divertido para mí no lo haría. Cuando era más joven pensaba que algún día encontraría a alguien que me entendiera, que quisiera compartir las cosas que me gustan conmigo, que entendería que prefiero estar en un lugar silencioso con un libro o mi computadora a ahogarme en alcohol con una bola de desconocidos. Pero eso es algo egoísta, supongo que típico de la adolescencia. Ya no busco a esa persona, porque la verdad no quiero a un acosador obsesionado conmigo. Que miedo. Ven, sola.

Cuando era una niña lo único que quería era una amiga con quien jugar, una amiga que no se burlara de mi porque me gustara estudiar, o escribir, o porque hablara raro (en realidad no era raro, no tenía ningún defecto al hablar, no tartamudeaba, ni arrastraba letras, pero siempre he tenido esa maldita costumbre de hablar utilizando sustantivos y pronombres apropiados y aparte de corregir a los demás cuando lo hacen mal. No se preocupen, deje de hacerlo hace mucho tiempo. En voz alta). Tantos años han pasado y nada. Nada de eso conseguí. Nada. Supongo que también era un deseo egoísta, porque en una amistad todos comparten todo, y se respetan opiniones y gustos. Nada de chantajes. Eso pienso ahora, pero ya ven. Mis verdaderos amigos viven lejos, lejísimos, en Narnia dicen. A algunos los veo de vez en cuando y a otros los contacto por ondas electromagnéticas. Pero aquí, aquí, aquí, sigo sola.
Todos esos años me la pasaba triste en momentos de introspección personal. En esos momentos cuando estas pensando en que es lo que te está dejando la gente en tu vida. Y la verdad muchos de ellos no dejaban nada, era pura basura, puras frases hechas, puras mentiras para abusar de mi. No, no de ese modo. Buscan sacar provecho de mi conocimiento, de mis contactos, de mis habilidades y luego nada. Ya sabes, esa gente que nunca te saluda o te llama y de pronto lo hace y ni siquiera te ha dicho “hola” y ya te está pidiendo un favor. Esos. Una vez leí que en realidad nadie te quiere sin esperar nada a cambio. Bueno, tal vez solo tu mamá y aun así hay casos en que dudo esa premisa. Pero después de todos esos estirones, rompeduras, y cicatrices en mi corazoncito, me di cuenta que esas relaciones que tenía no estaban ni siquiera cumpliendo con esa idea, ya que yo no sentía que obtuviera nada, ni compañía, ni cariño, ni comprensión, diablos, ni siquiera podía ser yo misma alrededor de esas personas. Siempre me tenía que estar cuidando de no decir algo que les molestara, o hacer algo indebido o hablarle a alguien mal visto por esos. Así que todo eso, a la basura, lo más rápido que se pudo y, ¿qué creen?. Así es, aquí donde estoy parada no quedo mucho.
Poco a poco entendí que mi lugar estaba aquí, en donde estoy ahora. Esos lugares donde estaba cuando niña y en mi adolescencia, incluso en esa adultez joven, no eran apropiados para mí. Donde estoy parada en este momento no es un lugar bullicioso, si estoy sola pero no me siento solitaria. Llegue a un lugar donde la gente que desea pasar tiempo conmigo y compartir siempre está dispuesta a hacer concesiones, están dispuestos a verme y a entender mis limitaciones como persona (que son muchas), o al menos tratan. Así como yo estoy dispuesta a entenderlos a ellos, por qué se alejan, por qué van y vienen, por qué su interés cambia. Aquí hay libertad de decir esto no me gusta, me cae mal esa persona y seguir siendo amigos. Seguir compartiendo partes de mi vida. En este lugar donde estoy hay permiso de ser como eres y mandar a la fregada al que no esté dispuesto a cooperar, porque ya no necesito todo eso que antes necesitaba de fuera. Entendí que no todo lo mío es para compartirlo con todos, mi mundo es demasiado raro para compartirlo todo con una sola persona, es demasiado grande para sacarlo todo al mismo tiempo, y me he vuelto celosa de tenerlo solo para mí. Porque si bien es cierto que es egoísta pensar que todos están interesados en mi, si bien sé que no soy el centro del universo, si sé que esta es mi película y yo decido con quien compartirla. Es por eso que allá afuera hay pedazos de mí en diferentes personas. 
Por eso me gusta mi soledad. La prefiero mil veces que esas vidas llenas de gente que hay por ahí, porque aquí yo puedo ser quien quiero ser.
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