Hilando historias

Ya no puedo más, necesito escribir. Tomo mi teléfono, abro el app de las notas y comienzo:
Luisa llega a su casa, cansada; pero su computadora la llama tiene muchísimo tiempo que dejó de escribir su novela. Muchísimo tiempo que, a pesar suyo, tuvo que abandonar su sueño de ser escritora. Tal vez, tal vez si escribe un poco, su vida se sienta menos asquerosa, menos asfixiante, menos tétrica. Se quita los zapatos y el saco. Se recoge el pelo en una cola de caballo, enciende el monitor y abre su documento antiquísimo de word para comenzar:

Harta, Tatiana estaba harta de que todos le dijeran que hacer. Ponte a estudiar. Báñate. No te vistas de negro siempre. Píntate. Sonríe. Pon atención. ¡Deja de rayar siempre en esa libreta! Que horrible no entender la necesidad de escribir. Se lo pierden. Tal vez sea cierto que en lugar de estar escribiendo sus cuentos cursis debería estar tomando notas de física. Pero, ¿en qué momento iba ella a aplicar la segunda ley de Newton en su vida? Jamás.
Sus personajes la esperaban, y vivían para ella, trabajaban para ella, ella era la diosa de ese mundo. Ella era la creadora. ¡Qué sensación!Pero nadie la tomaba en serio, por vivir en medio: ni niña, ni adulta. Nadie la tomaba en serio por vestirse de negro siempre. Nadie la tomaba enserio porque escribía historias de niñas, cuentitos llenos de niñas en vestidos ampones y cursilerías. Porque parecían no cuadrar con su imagen oscura. Idiotas. Idiotas y superficiales. Tomó su libreta nueva y la abrió donde se había quedado:
No era tan fácil, estaba haciendo mucho calor y las medias, aunque blancas, le provocaba sofoco. Pero eran parte de su traje. Su vestido color palo de rosa de manga larga con una pequeña capita sobre sus hombros. A Ana, últimamente le gusta usar su pelo largo color café oscuro suelto y ondulado. Pero el calor, el calor la hacía vacilar. Terminó poniéndose un hermoso moño blanco que le ayudaba a recoger una pequeña fracción de su pelo en la parte de atrás de su cabeza. Y listo, estaba lista para salir. Bolsa en una mano, sombrilla en la otra. Le encantaba salir así al parque, la gente le tomaba fotos, porque vamos aceptándolo, era tan linda como una muñeca.
Y por eso lo hacía, desde que tenía doce años hasta ahora, cuatro años después, le gustaba vestirse así y salir a leer a algún parque público. La experiencia era en su mayoría hermosa, pero nunca faltaba gente loca. Y había cada personaje suelto, que se sentía mejor que ella en algún aspecto. Señoras que le decían que ya estaba grande para andarse disfrazando, niñas de su edad que se burlaban al pasar, niños de su edad que la veían con asco, y señores.. esos eran los peores. La veían con deseo. Eso la ponía a temblar. Pero luego se acercaba un niño y le pedía que si se podía tomar una foto con él, una niña que le preguntaba como le hacia para peinarse de ese modo; una muchacha que le preguntaba sobre donde compro el vestido o si lo había hecho ella misma, una ancianita que le pellizcaba la mejilla mientras le decía como le daba gusto ver a una niña de su edad leyendo en el parque. Y eso, eso la llenaba de alegría y compensaba los otros malos ratos.
Tatiana no estaba tan contenta con este fragmento, pero no quería arrancar la hoja de la libreta. Le gusto el vestido que describió para Ana, pero extrañamente sonaba a que Ana tenía los mismos problemas que ella solo por vestir diferente. Mejor se guardaba esa historia para cuando estuviera de mejor humor. Cerró su libreta y…
¿Y qué? Luisa no supo que seguía, se estaba oxidando. ¿Qué era lo que iba a hacer con Tatiana? Se acordaba de que quería explorar la adolescencia de una joven diferente, pero al hacerla un poco dark no sabía si estaba cayendo en un cliché apestoso, o realmente estaba logrando expresar lo difícil que es ser adolescente y tratar de ser diferente. La verdad ya no recordaba mucho ese sentimiento de rebeldía, su trabajo de godínez la estaba convirtiendo en un ser conformista y rutinario, a lo mejor tenía que hacer algo al respecto, abrió otra pestaña en su navegador y comentó a buscar imágenes de los lugares a los que siempre había querido ir, y se dio cuenta de que eso tampoco ayudaba. Algo tenía que hacer. 
Algo… que será bueno… Ya no se que sea lo que quiera Luisa. ¿Qué es lo que será esto? ¿Una comedia romántica? ¿Una historia de acción? ¿Una historia de fantasia? Todo lo anterior. No se que sigue. Mejor, mejor aquí le dejamos. Y apago la pantalla de mi celular.
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