Desconexión

— Claro que no señor Hernández, Mireya está atendiendo todos sus requerimientos personalmente. Usted sabe que eso no es común, se le esta dando preferencia.
— Pero no toma mis llamadas, Ana.
— Está en un viaje de promoción, estoy segura que si le escribes por correo tendrías mejor suerte.
— Prefiero hablar.
— Señor Hernández, así no puedo ayudarle. Se le está atendiendo lo mejor posible. Si requiere llamar puede dejar el recado con Lucas o conmigo.
— ¿Cuánto tiempo durará este desastre?
— Aproximadamente un mes, tal vez un poco menos —respondí— o más… —dije mas quedo.
— Esta bien, pero si no me atienden me iré a otro lado con mis negocios.
— Lo que sea mejor para su empresa señor Hernández. Nosotros comprendemos.

Viejo menso, lo único que quiere es estar molestando a Mireya para que le preste atención. Le vamos a pasar el cargo por cliente indeseable, un 10% más en su factura. Lo malo es que no es único cliente necio.

Desgraciadamente manejamos alrededor de 15 clientes que se empeñan en solo tratar con Mireya. Con nadie más. Y esta situación del teléfono mezclado los tiene con los pelos de punta. En realidad, es la situación del nuevo secretario/intermediario. Ellos no saben la verdadera historia. Pobre Lucas, le llamaré para advertirle. También tengo que advertirle a Mireya. Nos puede costar alguna cuenta. Marco el número de mi amiga.

— Teléfono de Mireya, ¿quién le llama?
— Qué profesional, Lucas.
— ¿Ana?
— No te hagas, ahí sale mi nombre. Aprende a usar el teléfono bien. Dios santo, supongo que Mireya estará muy desesperada con tus pocas habilidades con los dispositivos electrónicos. ¿Cómo te va de asistente?
— Qué graciosa.
— Pues ahí te va otro chiste, te van a comenzar a llamar clientes molestos de que Mireya no les conteste.
— Ya empezaron.
— Qué pena, Lucas. Tú solo diles que esta en una junta y que les enviara un correo en cuanto se desocupe.
— ¿En serio tiene que lidiar con esta gente diario?
— Sí. Si por ella no habría con nadie mas que con migo y con Margarita. Ama estar detrás de su computadora programando y corrigiendo cosas, haciendo mugres con los chips y eso. Pero estos clientes a fuerzas quieren tener contacto personal, y muchos son un poco molestos.
— No tienes que explicarlo.
— Disculpa de nuevo, bueno, eso era lo que quería advertirte. Y sigo pensando en una forma de qué intercambien los teléfonos. ¿Tendrás a la mano tu itinerario?
— Claro, te lo envío ahorita que colguemos.
— Eres un sol, te dejo para que sigas con tus pendientes. —colgué.

A los cinco minutos me llego el itinerario de Lucas, quien tiene una excelente gira por europa promocionando sus libros. Y su gira pasa por Londres. ¡Ay, qué emoción! Si me apuro les puedo. Organizar una cena. Empecé a planificar cosas en mi cabeza, pero me acorde que no le había marcado a Mireya. La tengo que convencer, sería tan romántico.

— Mande.
— Qué seca eres. Se dice hola, Mireya. ¿Así le contestas a Lucas?
— Ana, por Dios, deja de escribir tu novela romántica. Eso déjaselo a él. ¿Qué pasó?
— El señor Hernandez anda de enfadoso.
— Dile que me morí.
— ¡Mireya! — aunque sé que lo dice de broma, no me gustaría que fuera verdad.
— Esta bien, dile que ando incomunicada y de viaje.
— Ya, pero seguro se lo hará saber a Lucas. Por cierto, los dos van a estar en Londres en 12 días.
— Podría vivir con este arreglo 12 días. No sabes todo lo que he avanzado sin tanta llamadera.
— No tienes remedio. Les puedo organizar una cena para que se devuelvan los teléfonos.
— ¿Por qué una cena?
— Tines que cenar, ¿no? Aparte vas a andar todo el día en juntas, y él en sus cosas de prensa.
— Puedes mandar un mensajero.
— Mireya, es algo educado que lo invites a cenar después de todo lo que hace.
— Ana, es su culpa por llevarse mi teléfono. -Me grito del otro lado de la línea.
— No te estoy preguntando, Mireya, te estoy avisando. Lo único que puedes hacer es escoger el restaurante.
— No sé porque eres mi amiga. -me gruño.
— Calla, así me quieres. En un rato más les marco el evento en sus calendarios. Cuídate.

Le colgué antes de que me pudiera reclamar algo más.

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